Mi yo de antaño

Yo tenía un blog que era un bazar de acontecimientos, pensamientos y emociones de una chica de dieciocho años que estaba empezando a salir al mundo. Se llamaba «El Bazar de las Artes» y hoy he podido releerlo, y sorprenderme. ¡Y tanto que me he sorprendido!

Porque esa chica soy yo, sí, y me reconozco en mis exclamaciones, mis observaciones alegres, mis inquietudes variopintas, mi curiosidad y mi gusto por el chocolate… Pero a la vez no soy la misma. He pasado por los días, o los días han pasado por mí, y dichas experiencias me han convertido en una versión diferente. Más madura, supongo, aunque me sorprende la sabiduría de mi «yo» recién salido de la adolescencia, que vertía reflexiones profundas sin despeinarse y, creo, sin darse cuenta ella misma de su profundidad.

También me ha sorprendido el desparpajo con el que compartía mi mundo. No es que entregara las llaves de mi vida privada a todo el que quisiera leerme, pero sí que podían conocerme en mi esencia, en mis costumbres cotidianas, en mis relaciones más cercanas, en mi forma de expresarme… Leer a mi yo de entonces es como escucharla hablar, lo cual a veces me lleva al sonrojo porque tenía menos filtros que ahora. Quizá también es que sabía que mis lectores eran, en su mayoría, personas con las que tenía mucha confianza, que compartían mi mismo código.

Hoy por hoy tengo más reservas a la hora de mostrarme. No es que tenga un gran interés en contar mi vida de la forma en que lo hacía antes, aunque era divertido… Sí, la verdad es que tenía cierto encanto lo de contar mi día a día a modo de diario, aunque ahora mismo mis días se repiten bastante y donde estén ocurriendo más cosas sea dentro de mi cabeza, que observa el mundo a su alrededor y piensa sobre él.

Querida «yo» de antaño, gracias por traerme hasta hoy. Con nuestros tropiezos, alegrías, desvíos, hallazgos, errores y aciertos seguimos llenando de vida nuestro bazar.

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